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Navarra es una de esas tierras malditas para el Tenerife. Los chicharreros han jugado 14 partidos de liga en tierras pamplonicas, con un resultado absolutamente desolador: dos victorias visitantes, dos empates y diez triunfos para el Osasuna, muchos de ellos absolutamente incontestables. Pocos halos de esperanza para un equipo que necesita sumar ya.
El primer precedente data, una vez más, del estreno de los chicharreros en Primera División. El equipo de Enric Rabassa pisaba por primera vez el césped de El Sadar para concluir con una derrota, tres a uno, que complicaba el inicio de la segunda vuelta.
La segunda visita, cinco años después, fue en tercera división (gráfica muestra de la errática trayectoria de ambos equipos en aquella época). El Tenerife tuvo mejor suerte y, siendo la segunda jornada, venció por uno a dos.
Luego llegarían los dos únicos empates: 1-1 en la 72/73 y 2-2 en la 73/74, ambas temporadas con los equipos militando en Segunda División. Dos nuevos enfrentamientos en la categoría de plata se saldaron con derrotas chicharreras (1-0, 75/76; 3-0, 77/78).
El regreso a Primera marcó unn nuevo enfrentamiento, y la serie de resultados más grave, posiblemente, de todo el elenco de equipos que han jugado contra el Tenerife. El Osasuna venció en todos los encuentros, comenzando en la 89/90 con un 3-1 y finalizando en la 93/94, año de descenso de los pamplonicas, por 1-0. En medio, cuatro derrotas por 3-0, 3-1, 2-0 y 1-0; es decir, casi todos los tipos de derrotas, en sólo cinco temporadas.
El descenso del Tenerife depararía una nueva oportunidad para tratar de vencer ante Osasuna. Ángel Cappa había llegado al equipo sustituyendo a Castro Santos a falta de seis partidos para el final de la liga, y habían recónditas esperanzas de ascender; pero las había. No obstante, marcadores como el cosechado ante Osasuna, un escandaloso 5-0, demostraron el error del cambio técnico.
El último precedente tiene a Pepe Mel en el banquillo visitante, y fue una de las pocas alegrías aportadas por el preparador madrileño. El Tenerife llegaba a Pamplona con agobios, y necesitaba vencer. Pablo Paz había puesto la primera piedra al anotar el primer tanto, y cuando el 1-1 ya casi estaba llegando a El Sadar, Iván Ania finalizó un contragolpe con una vaselina desde el centro el campo que Unzué no pudo desviar. Ese 0-2 fue la segunda victoria en Navarra y, de momento, el último precedente.
Toca ahora refrendar esa última ocasión y, de paso, intentar salir del pozo del descenso, algo que impera, vistos los próximos enfrentamientos. |